No hemos podido callar

El cristianismo es un camino espiritual, profundamente transformador, que no comporta solo la adhesión a unas doctrinas o la fidelidad a la Iglesia como institución, sino que impulsa a comprometerse para testimoniar en el mundo la acción renovadora del Espíritu y a trabajar para que todas las relaciones humanas sean más acordes al proyecto amoroso de Dios hacia todos sus hijos. Un cristianismo que se contentara con ritos y devociones y una Iglesia timorata de intervenir cuando las injusticias son evidentes, poco tendría que ver con la vida y el mensaje de Jesús de Nazaret, que no rehuyó importunar a las autoridades políticas y religiosas, cuando estas ponían la Ley por encima de la dignidad de las personas y los derechos de los colectivos más débiles.
Los sacerdotes que hemos promovido la Declaración sobre el Referéndum de Autodeterminación respetamos fraternalmente a todos los que consideran que no es un tema sobre el que nos tengamos que manifestar públicamente los ministros de la Iglesia, pero en conciencia no hemos podido permanecer silenciosos ante la reacción desproporcionada y antidemocrática del Estado español a las puertas de la celebración de esta consulta que una gran parte de la población de Cataluña, desde hace más de cinco años, pide de manera insistente, respetuosa y pacífica.
No podemos aceptar la sacralización que se hace desde las instituciones españolas de la unidad de España como un absoluto intocable. Para los cristianos, el único absoluto es Dios y lo único innegociable es el valor intrínseco que tiene todo ser humano, dotado de libertad para decidir responsablemente sobre la propia vida y sobre el destino de las colectividades de las que forma parte. Creemos que ha llegado el tiempo de denunciarlo, y de decir claramente que, teniendo en cuenta la reiterada obstinación de las instituciones y de los grandes partidos políticos españoles a negar los derechos nacionales de nuestro pueblo, el próximo referéndum no solo lo consideramos legítimo sino también necesario, para que podamos cerrar satisfactoriamente el proceso catalán, que ya se ha alargado demasiado para todos, tanto para los partidarios de una Cataluña independiente como para los defensores de la unidad de España.
Nos sentimos plenamente en comunión con lo que los Obispos de Cataluña han afirmado unánimemente en su momento en sus cartas pastorales Raíces cristianas de Cataluña y Al servicio de nuestro pueblo, y también con toda la Doctrina Social de la Iglesia. También consideramos muy actuales las palabras de san Juan XXIII escritas en su encíclica Pacem in terris (1963): «En todos los países y en todos los ambientes los hombres o son ciudadanos de un estado autónomo e independiente, o están a punto de serlo; a nadie le gusta sentirse súbdito de poderes políticos que proceden de fuera de la propia Comunidad humana o del propio grupo étnico».

Cinto Busquet


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